Este año ha vuelto a ser mágico. Allá por los meses de noviembre/diciembre se gestaba una de las experiencias más bonitas para los chicos más mayores de UTEM, escola de música. El Ateneo Santa Lucía, de Gran Canaria, nos invitaba a participar en su escuela de música y compartir con ellos momentos únicos llenos de música y de vida.

La respuesta de los alumnos y de sus familias fue inmediata. Desde el primer momento se volcaron con la propuesta. La preparación de un viaje así no es tarea fácil, son más de 30 niños los que participaron de una u otra manera en este encuentro y eran muchas las cosas que teníamos que preparar. Pero, una vez más, gracias a la colaboración de todos, y, especialmente de los padres que nos acompañaron, sin ellos  una aventura así no habría sido posible, salió adelante y salió muy bien.

Llegó el día, a pesar de las horas, todos llegaban con sus maletas cargadas de energía, de ganas, de música y, muchos, muchos nervios. La excitación de todos, en algunos más evidente, en otros por dentro, por compartir con todos sus amigos una semana, por conocer gente nueva, sitios nuevos,  por cantar en un lugar tan distinto era patente en la cola de embarque del aeropuerto.

Todos controlados y por fin, llegábamos a la Isla. Nada más bajar del avión ya nos esperaban Paqui y Silvia –madre mía, creo que no tendremos palabras suficientes para agradecer lo mucho que han hecho por nosotros ellas dos y lo bien que nos trataron a todos.

Cantar, cantar y cantar

Durante esos cinco días tuvimos tiempo para casi todo. Conocíamos las instalaciones de la escuela de música del Ateneo Santa Lucía, al profesorado, a sus alumnos. Nos recibió el concejal de cultura, Julio Ojeda, la alcaldesa de la localidad, Dunia González. Fuimos embajadores del Ayuntamiento de Alboraya y pudimos cantar para ellos y devolverles, de la mejor manera que sabemos hacer, su hospitalidad y agradecerles, al mismo tiempo, su sensibilidad. Si hay una cosa que nos llevamos de Canarias y, para siempre, es el carácter de sus gentes.

Nos llevaban a descubrir, de la mano de Leandro, el museo de la Zafra y las Salinas de Tenefé. Pudimos conocer rincones únicos de la Isla, alguna de sus playas y muchos de los chicos descubrieron que no todas las aguas tienen la calidez del Mediterráneo. Lucharon contra las olas –algunos padres más que los propios chicos-  jugaron, rieron y, sobre todo, cantaron.

Porque eso es lo que les gusta, cantar. Cantaron en el aeropuerto, en el autobús, en el albergue donde nos hospedábamos. Le cantaron a Lourdes, la mujer que nos alimentó y de qué manera, durante todo el viaje y hasta alguna dependienta de una de las tiendas de la ciudad de Las Palmas.

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El Concierto

Y cantaron, junto a los compañeros canarios, en un concierto único y emotivo, por muchos motivos. La primera, porque volvimos a interpretar parte del proyecto más importante que ha llevado UTEM hasta la fecha. El musical “Invisibles. Los niños del Tiempo”. Pudimos sentir, desde el escenario, la emoción de quiénes nos acompañaban viendo el espectáculo y eso se transmitió a todos nuestros chicos.

Tras esa primera parte, llegaba la hora que muchos estaban esperando, la de poder compartir tablas con los alumnos del Ateneo de Santa Lucía. Llegaba la hora de disfrutar como nunca, como siempre. Cantamos todos juntos, nos movimos, recordamos y acabamos poniendo en pie a todo el público para bailar junto a nosotros. En definitiva, una nueva experiencia que se impregnará en nuestra alma.

Risas, emoción, orgullo

Durante toda la semana ha habido momentos únicos que permanecerán en nuestra memoria durante mucho, mucho tiempo. Momentos de risas como los aplausos al conductor del avión, el descubrimiento de parentescos, el triunfo de una pamela, los alienígenas, o aquello de… “parece que no, pero sirve”, de pollitos y efervescentes. Momentos de emoción-mucha- al ver las reacciones de los que nos escuchaban. De orgullo –ángeles valencianos- de cariño, de encuentros. Momentos que probablemente sólo entenderemos quienes fuimos y que forman parte de nuestro viaje pero queríamos compartir con vosotros.

Muchos momentos. Pero si nos piden que nos quedemos con uno, y mira que es difícil elegir, escogemos el de cantar sobre el escenario una de nuestras canciones preferidas: “Recuerdos del Ayer” y ese abrazo conjunto con nuestros nuevos amigos canarios. Un abrazo que mantendremos para siempre, porque Santa Lucía y sus gentes estarán siempre en nuestros corazones. Gracias por todo, amigos.

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